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Senda 2. Ecosistemas de bosques

Itinerario de poco más de 2 kilómetros que une el Fuerte del Mazo con Cuatro Caminos y el Faro del Caballo atravesando de oeste a este.

Bajo las cimas del Buciero, el frondoso corazón del Monte y su   valioso   encinar   relicto  de carácter   mediterráneo.

La senda parte del Fuerte del  Mazo, fuerte napoleónico cuya estructura se adapta al promontorio sobre el que se asienta. El único acceso salvaba un pequeño foso seco mediante un puente levadizo. En 1886 se construyó el edificio mayor de dos alturas, con el fin de que sirviera de pabellón de arrestados. Del Fuerte del Mazo se desciende por un estrecho vial asfaltado en dirección al barrio del Dueso. A la derecha del camino se haya el Polvorín del Helechal, edificio flanqueado por dos torres (cuya finalidad originaria era la de pararrayos), y que actualmente sirve de improvisada estabulación ganadera. Este edificio daba servicio al Fuerte del Mazo.

Al poco de empezar a caminar, a unos 100 metros, se debe tomar un sendero de tierra que comienza a la derecha junto al lindero de la parcela ganadera del Polvorín. Se trata del origen de uno de los caminos históricos de mayor importancia del Monte, utilizado con asiduidad cuando el Buciero se constituía en una plaza militar de gran importancia. Los árboles de escaso porte junto a la maleza envuelven al sendero dando al caminante la impresión de transitar por un verdadero "túnel" de vegetación.

Continuando por el camino se pueden observar diferentes elementos geomorfológicos de origen kárstico, como es el caso de una cavidad subterránea que aparece a la derecha del sendero. Progresivamente el ascendente sendero se estrecha, para, después de un par de revueltas, alcanzar una cabaña en el paraje conocido como El Portillo. Al final de esta zona de prados, ya completamente rodeada por el cada vez más presente encinar, se alcanza una valla de madera que deberá fran­quearse para poder continuar el recorrido.

Después de un leve ascenso se accede a una pequeña campa (Collado de Las Cuestas) desde la que se divisa una bella panorámica del Monte. Aquí se puede admirar el extenso bosque que se va a atravesar, así como las cumbres que lo rodean: a la derecha las peñas de Buciero y Peña Ganzo y a la izquierda La Rabona y la Atalaya, coronada por su singular estructura circular de vigilancia. Éste es un buen sitio para descansar y tomar aliento antes de adentrarse en el encinar.

A continuación se toma el camino de frente que atraviesa el bosque de oeste a este obviando otras alternativas. El sendero desciende a una gran hondonada de origen kárstico (dolina o chorco), aunque dada su extensión y densa vegetación, el senderista no perciba este hecho con nitidez. Se continúa por el interior del frondoso bosque por un camino perfectamente visible salpicado de pequeñas dolinas a ambos lados.

Una vez internado en el bosque, se transita por un camino bien conservado y de buena anchura entre el intrincado bosque, dominado por la encina (Quercus ilex ilex). Se está atravesando el más valioso encinar costero, relicto o basal del norte peninsular, verdadera reliquia del pasado, que ha pervivido sobre suelos calizos. Durante el Terciario, dominaban prácticamente toda la región; posteriormente con los cambios climáticos del Cuaternario, su distribución se vio reducida a los peñascos calizos más cálidos.

Así, en el sendero se podrá observar el dominio de la encina y su cortejo acompañante (laurel, madroño, labiérnago, aladierno). Esto no es óbice para que se puedan encontrar especies de carácter atlántico aprovechando preferentemente depresiones con un mayor espesor de suelo y concentración de humedad (avellano, roble, acebo), apareciendo, a su vez, algunas especies de alta adaptabilidad (endrino, espino albar, mostajo). Lo cerrado y enmarañado del bosque, donde proliferan las especies trepadoras, hace que se asemeje a una verdadera "selva". Ésto protege a los vertebrados, lo que unido al carácter esquivo de la mayoría de especies, hace muy difícil su observación. Los grandes mamíferos como el corzo, el jabalí o el gato montés eran antaño abundantes, pero la caza continuada ha provocado que sobrevivan solo mamíferos de menor tamaño (ginetas, tejones, comadrejas, zorros o garduñas). Si se presta atención, se podrán observar pequeñas aves como el jilguero, la tarabilla, el mosquitero, el cuco, el herrerillo, o sus potenciales depredadores como el cárabo, la lechuza, el milano negro, el gavilán o el cernícalo.

El camino, de trazado casi rectilíneo, no tiene pérdida en el interior del bosque. Al cabo de casi un kilómetro se llega a un cruce de caminos. De este punto parten dos desvíos a derecha e izquierda, encaminándose este último hacia el cerro de la Atalaya. Sin embargo se debe continuar de frente, ascendiendo levemente para a continuación descender hasta alcanzar Cuatro Caminos, donde finaliza la ruta.

Desde este emplazamiento se plantean diferentes alternativas:

- Continuar de frente durante unos 200 metros para descender al Faro del Caballo y visitar la batería de San Felipe y sus espectaculares panorámicas.

- Regresar al punto de partida por el mismo camino o enlazar con cualquiera de las otras sendas ("Faros y Acantilados" y "Culminaciones del Buciero") que confluyen en Cuatro Caminos.