Esta web inserta cookies propias para facilitar tu navegación. Si continúas navegando consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información en nuestra Política de Cookies | Aceptar

Senda 4. Tradición pesquera y fuertes napoleónicos.

Itinerario de escasa dificultad por el entorno del núcleo de Santoña que permite recorrer las principales fortificaciones de la época napoleónica y años posteriores (tres fuertes, dos polvorines y dos baterías).

Conoce in situ la secular tradición marinera de la villa (puerto pesquero, industrias conserveras, pasaje marítimo) y aproximarse a los valiosos ecosistemas de marisma y encinar costero.

La senda parte del final del paseo marítimo, junto al Fuerte de San Martín, cuya construcción actual, que data de 1863, se alza majestuosa sobre la bahía de Santoña, y que, junto al cercano fuerte de San Carlos, defendía la entrada de la bahía de posibles incursiones de tropas enemigas. El uso de este estratégico lugar es muy anterior, pues ya a comienzos del S. XVII los santoñeses habían erigido una fortificación para la defensa de la villa. Tras ascender por unas escaleras que nacen bajo el fuerte se llega a un cruce,  donde se debe tomar el ramal de la derecha, dirigiéndose el de la izquierda al Fuerte del Mazo, camino que se tomará posteriormente. A escasos metros aparece otro cruce, en el cual se vuelve a girar a la derecha, dirección Fuerte San Carlos.

En la misma bifurcación, se pueden admirar las dos baterías de Galbanes, la alta junto a la carretera, y la baja, sobre el pasaje marítimo. Localizadas entre ambos fuertes, servían de apoyo y completaban el sistema defensivo que cubría la entrada a la bahía y su fondeadero interior.

A menos de un kilómetro del anterior Fuerte, se alcanza el Fuerte de San Carlos. La fortificación se edifica en 1688 sobre el Castillo de Torrecilla, que las fuentes datan en tiempos de Felipe II. Tras numerosas reformas en el S. XVIII, tuvo un uso muy destacado en tiempos napoleónicos, proviniendo su estado actual de la reforma de 1859.

Desde este punto se debe de retornar nuevamente al Fuerte de San Martín, desde el cual tomamos el ramal de la carretera que asciende al Fuerte del Mazo. A una centena de metros se alcanza la Batería Alta de San Martín, gran explanada desde la que se protegía al Fuerte de San Martín y donde todavía son perfectamente visibles los soportes en los que se instalaron los cañones. Prosiguiendo el recorrido, la pista se interna en el valioso encinar cantábrico relicto del Buciero, llegando al Mirador de Casablanca, a medio camino entre los dos fuertes, con unas excelentes vistas sobre  Santoña y el  estuario  del Asón.

Tras un kilómetro y medio ascendiendo por la pista, alcanzamos el Fuerte del Mazo y el Polvorín del Helechal, localizado en un lugar resguardado para evitar impactos de proyectiles enemigos. El Fuerte del Mazo, recibe también erróneamente el nombre de Fuerte de Napoleón, motivado por la transmisión popular del nombre del Fuerte Imperial de Napoleón, construido simultáneamente al del Mazo y demolido a principios del S. XX para la construcción de los edificios que ahora constituyen el Penal del Dueso.

Retomando la senda, habrá que dirigirse al Barrio del Dueso, continuando de frente por la pista asfaltada tras el pequeño desvío al Fuerte. Se desciende paulatinamente, ignorando un ramal que nace a la derecha 500 metros después. Tras otro medio kilómetro, se llega al barrio del Dueso, donde se podrá observar el Polvorín del Dueso, en este caso edificado con la función de abastecer al derruido Fuerte Imperial.

A continuación, desde la pequeña plaza con un área de recreo infantil y unas pistas deportivas, se continúa descendiendo, girando a la izquierda y siguiendo la carretera hasta salir del Dueso y finalizar en un cruce, donde se deberá tomar el desvío de la izquierda. Siguiendo esta carretera, se deja atrás la cantera del Sorbal, continuando unos metros hasta que, a la derecha, junto a  un  muro de  piedra,   nacen  unas escondidas escaleras.

Bajando por ellas, enseguida se accede a un pequeño sendero de tierra que transcurre junto al perímetro de la Marisma de Sorbal. Se trata de un humedal de agua dulce que se alimenta de las aguas subterráneas del Buciero, a cuyo pie se asienta.

La senda, que discurre entre carrizos y otras especies propias del ecosistema marismeño, finaliza junto a la carretera nacional. En este punto, se vira a la derecha, avanzando 30 metros por el arcén hasta cruzar con sumo cuidado la carretera e introducirnos en el polígono industrial, donde transitando por su perímetro exterior, junto al mar, se observará por un lado la mayor concentración de industria de fabricación de anchoas de España y por otro, excelentes vistas sobre todas las Marismas y el estuario del Asón.

Continuando por el borde exterior del polígono, se alcanza la carretera autonómica CA-241, que atraviesa la Marisma. Siguiendo a la izquierda enseguida se llega al singular y tradicional Puerto Pesquero, con su lonja y el recientemente instalado Mirador de las Marismas con forma de proa de barco. Es en el entorno del puerto, uno de los más emblemáticos y de mayor tradición de la península, donde mejor se puede admirar el gran peso que la pesca y todas las actividades relacionadas con ella siguen manteniendo en la villa marinera. Es por ello muy recomendable el paseo por el puerto y tomarse unos minutos para admirar su entorno desde el mirador.

Del entorno del puerto parte el agradable pasaje marítimo que "inducirá al senderista al Fuerte San Martín en unos 20 minutos. Así, bordeando la Plaza de Toros (construida en 1907), se sigue caminando por el pasaje, lo que permite observar la playa de San Martín (a los pies del paseo), las tradicionales actividades de marisqueo, el Monumento a Juan de la Cosa, insigne marinero oriundo de la villa y autor del primer mapamundi, o el embarcadero que une Santoña con Laredo. Así, finalmente llegamos al punto de partida, bajo el Fuerte San Martín.